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TODOS MIS PARQUES

Cada día disfruto más paseando por mis parques. Y digo mis parques porque muchos de ellos están cerca de casa y los considero míos, como una...

domingo, 12 de septiembre de 2021

TODOS MIS PARQUES

Cada día disfruto más paseando por mis parques. Y digo mis parques porque muchos de ellos están cerca de casa y los considero míos, como una extensión infinita de mi hogar.
Hoy empecé mis paseos por la mañana, muy temprano, aún era de noche, así que no me fui al parque Delicias como en pleno verano, que es en el que puedo zigzaguear a mis anchas en un recorrido más largo, sino que empecé un recorrido urbano; pero enseguida derivé por los jardines de Avempace, solitarios y silenciosos; solo el susurro de los aspersores despertaba con delicadeza los sentidos y creaba una atmósfera vaporosa y fresca. Luego crucé el tráfico infernal de las 7:30 de la mañana para alcanzar los jardines de la Taifa de Saraqusta, donde dos criaturitas arrastraban sendas mochilas rodantes (pobres, tener que madrugar tanto a su edad) tras el paso decidido de su madre. Hice unos estiramientos de cuello y espalda, unas sencillas dinámicas de yoga bajo la curiosa mirada de la chica que paseaba al pastor alemán, y regresé, atravesando el pasadizo de Aragonia, por los jardines de Al-Ándalus.Aquí ya más personas caminaban hacia sus trabajos y tareas cotidianas: el esbelto ejecutivo con su traje impecable gris claro, el informático con la mochila del portátil a la espalda, la funcionaria con su vestido de flores, luciendo ojeras por haber pasado mala noche… Regresé a mis jardines de Avicebrón y ya me encerré en mi estudio a trabajar. Como podéis ver, un recorrido muy islámico, digno de esta ciudad de Zaragoza con su rico pasado musulmán. La mejor manera de empezar el día, estirar las piernas y llenar los ojos de un poco de verde, y el cuerpo y los pulmones de un frescor vivificante.
Tras la jornada de trabajo, me voy a ver a mi madre a la residencia y salimos a pasear un rato, empujo la silla de ruedas hasta otro jardín con vistas al tranvía donde nos sentamos (me siento yo, que ella va siempre sentadita estupendamente en su silla) en una terraza para tomar un Aquarius de limón para las dos. Cuando pasa el tranvía, se lo enseño a mi madre y ella lo sigue con la mirada, sin decir nada. Está poco habladora mi madre estos días, en su mundo perdida, pero al menos hoy no se duerme.
Damos una vuelta por el parque Tapices de Goya, donde los críos juegan, corren y van en bici, y leo los versos de Maria Dolores Tolosa bajo el pretil del puente: “el árbol joven crece a merced del viento, pero sus raíces lo mantienen firme”. Volvemos a la residencia para no cansarnos demasiado; me da besitos en la mano de despedida y salgo a encontrarme con el resto de la tarde de viernes. Tomo el tranvía, un buen recorrido hasta el Parque Grande, sí el de Labordeta, me compró un helado en Los Italianos de frambuesa y café, y paseo por el parque leyendo en el suelo los versos de Labordeta “quiero que el viento sea mi último compañero – viento, niebla, polvo - apenas una vida y nada más…” y en el monumento a Rubén Darío trato de alcanzar también la estrella. Y regreso a mis jardines como esta mañana, primero paso por el de la Taifa, luego por los de Avicebrón y terminamos el día con los juegos y el bullicio de los niños, dos preadolescentes sentados en la hierba inclinados sobre el móvil descubriendo algo muy interesante, por su expresión maravillada, una niña y un niño asomando por la ventana de una casita, a los que su abuela les pregunta: ¿y qué tal ha ido el cole hoy? Y la niña que contesta riendo: mal, mal, fatal. Sí, vuelvo a casa con la risa de los parques puesta, para pasar una buena noche de finales de verano.
PURI MENAYA

1 comentario:

Gracias por participar y ánimo con la información a ciclistas y peatones