BRISTOL: PROYECTO CIUDAD FELIZ

Una ciudad feliz es una ciudad sin abruptas diferencias entre los que tienen y no tienen

Esta es la aspiración de Bristol, la ciudad británica capital verde europea 2015

Publicado en El Mundo

"Las ciudades nacieron como proyectos de felicidad colectiva", nos recuerda el urbanista canadiense Charles Montgomery, autor de 'Happy City' y abanderado de un movimiento que está intentado redefinir el progreso calle a calle, barrio a barrio. El agora de la vieja Atenas, la Piazza romana, la playa fluvial del Sena o las tumbonas de Times Square son a su entender manifestaciones de ese deseo compartido de bienestar que tan esquivo resulta hoy en día en nuestras grandes ciudades.

Una ciudad feliz es básicamente una ciudad que camina, con puntos de remanso y de encuentro, sin abruptas diferencias entre los que tienen y no tienen, con una sensación alterna de continuidad y diversidad, con un ritmo propio y contagioso, necesariamente humano, marcado por sus habitantes y no por las pautas comerciales, y menos aún por el tráfico incesante.

Una ciudad feliz es la aspiración de Bristol, la ciudad británica de algo más de 400.000 habitantes que ha sido elegida este año como capital verde europea por innovaciones como su propia moneda social (la libra de Bristol) o este Happy City Project que empieza a ser replicado en otras ciudades del mundo.

"Ha llegado el momento de redefinir la noción del crecimiento económico", advierte el alcalde "a pedales" de Bristol, George Ferguson. "Tenemos que ir más allá de los números engañosos del Producto Interior Bruto, y lo mejor es empezar a escala local, con nuevas fórmulas para medir los progresos de cualquier ciudad hacia el bienestar colectivo".

El Proyecto Ciudad Feliz, lanzado hace cinco años por Mike y Liz Zeidler, no pudo haber encontrado un terreno más abonado que el de esta ciudad fluvial, rompedora y creativa como pocas, aunque atrapada también en sus duros contrastes y en sus propias contradicciones...

"Al principio chocamos con grandes resistencias, con gente que nos decía que preocuparse por la felicidad es algo demasiado trivial frente a problemas realmente serios como la pobreza, el hambre o la desigualdad", reconoce Liz Zeidler. "Pero con el tiempo, la gente hace la conexión y acaba admitiendo lo evidente: la búsqueda de la felicidad es lo que mueve el mundo".

Eso sí, hablar de la "felicidad planetaria" o incluso de la Felicidad Nacional Bruta puede resultarnos algo excesivamente abstracto... "Las barreras se derriban sin embargo desde lo local. Los cimientos de la felicidad están en lo que tienes más a mano: tu familia, tu casa, tu barrio... La ciudad es por tanto la escala ideal para trabajar desde la base: en las comunidades, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en los hospitales y hasta en las prisiones".

Desde su lanzamiento, y con la ayuda de la New Economics Foundation, el Proyecto Ciudad Feliz publica informes anuales en los que intenta medir desde otro ángulo el bienestar de los vecinos de Bristol, usando indicadores tan dispares como la satisfacción con la vida, la huella ecológica, la desigualdad económica, los equipamientos sociales y culturales, el acceso a parques e instalaciones deportivas, la movilidad urbana o la existencia de mercados locales y huertos comunitarios.

"El objetivo es llegar a una fórmula válida para cualquier ciudad del mundo y que sirva como nueva medida del bienestar urbano", sostiene Liz. "Tal vez el camino es ése: normalizar primero esta nueva manera de medir el progreso económico y social en las ciudades, para tal vez con el tiempo aplicarlo a los países".

Aunque pueda parecer paternalista, la "promoción de la felicidad" es ahora una de las prioridades del Ayuntamiento de Bristol, con seminarios, charlas y actividades como Make Sunday Specials (que convierten las calles de Bristol en una fiesta sin fin). A través de campañas como Walk Yourself Happy, un ejército de voluntarios propaga entre la población las cinco claves de la felicidad urbana: conecta, aprende, sé activo, aprecia, contribuye.

Imagen de una casa de Bristol. Imagen de una casa de Bristol.
En el Banco de la Felicidad se comparten finalmente las ideas, la inspiración y los recursos... "Se trata más o menos de nuestro Wikipedia local de la felicidad", explica Liz Zeidler. "Todo el que tenga algo que aportar, ya sea a título individual, o familiar, o como experiencia de barrio, puede hacer un "depósito" gratuito. Cualquier vecino puede beneficiarse se ese conocimiento y ponerlo en práctica en su propio radio de acción".

Le preguntamos a Liz si la felicidad no es acaso un concepto demasiado subjetivo y personal... "Por supuesto que lo es, pero en esa búsqueda hay muchos elementos comunes. Y está claro que la felicidad es algo interdependiente. Uno no puede ser feliz viviendo en una ciudad desolada y sin puntos de encuentro. Y uno es sin embargo más feliz si sus vecinos son también felices, y si juntos viven en un entorno que no solo sirve para procurar las necesidades básicas, sino que propicia y enriquece las relaciones".

Reivindica Liz Zeidler con entusiasmo contagioso el título de Happy City y nos habla de la incipiente red de "ciudades felices", que reunen muchos de los atributos de las ciudades colaborativas, las ciudades resilientes o las ciudades verdes... "La felicidad puede ser el puente que necesitamos entre el cambio personal y el cambio social. La sociedad consumista en la que vivimos nos ha hecho creer que la felicidad está en la acumulación material. Y la gente está abriendo por fin los ojos. El dinero es un medio, pero no un fin en sí mismo. Va siendo hora de reivindicar todo lo que hemos dejado de lado y que hasta ahora no podíamos medir. Todo eso que es la base de las sociedades humanas y que encuentra su máxima expresión en nuestras ciudades".

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