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martes, 9 de junio de 2015

La legislatura de la bici contra el tiempo del peatón

por VÍCTOR SORIANO | Geógrafo Urbanista
en Las Provincias

Decir que Valencia no es una ciudad propicia para el paseo sería falso. Así lo atestigüa el hecho de que, en el reparto modal del Cap i Casal, una amplia mayoría de los desplazamientos sean peatonales. Pero si bien caminar por nuestra ciudad, con su consabidas cualidades para el peatón, verbigracia su clima excepcional y su orografía más que plana, es sin duda la forma más agradable, sana y, sobre todo, sostenible de moverse, las modas y los tiempos parecen no acompañar al goce del peatón.

Por si las auténticas carreras de obstáculos que suponen zonas como la del llano y puente del Real o el sufrimiento constante por la propia integridad que sobreviene al pasar un par de minutos en las aceras de cualquiera de las avenidas de la ronda de Tránsitos no fuesen suficientes, con la irrupción de ‘Valenbisi’ -con su nombre hortera donde los haya para bautizar al bike-sharing valentino- se acabó de consolidar una tendencia creciente hacia la ocupación masiva del espacio peatonal por ciclistas incívicos.

Y es que la bicicleta -sea particular o compartida- es un vehículo excepcional para desplazarse, que nadie piense lo contrario. Pero la clave de la cuestión está en que es un vehículo. Y como tal, su lugar es la calzada, no la acera ni las calles peatonales (donde los ciclistas deben apearse de la bici y empujarla). Sin embargo, los peatones tienen en Valencia una obligación adicional de un tiempo a esta parte, incluso en las aceras estrechas o en las calles tranquilas: tener la precaución de no ser atropellados (también) por una bicicleta.

Se anuncia la inminencia de “legislatura de la bici”, con un próximo alcalde que la lleva a todas partes y que prometió en campaña crear una «Agencia Municipal de la Bicicleta» -que suena a organismo absurdo en el que malgastar el dinero público, pues la política de movilidad no se puede hacer ni promoviendo un solo modo de transporte ni gestionando cada uno por un lado, sino que sólo puede tener éxito si se aborda de forma integral-. Tengo miedo a que el clorofilismo bourgeois-bohème de una clase política que se sube a la moda de la bici acabe por condenar a la tendencia del urbanismo contemporáneo de primar el uso ciudadano sobre los desplazamientos, y los peatones sobre todo tipo de vehículos, y de entre estos, el transporte público sobre los vehículos privados (coche, moto y también bicicleta). ¿Acaso no toca ya inaugurar la legislatura del peatón?

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