DISCAPACIDAD, BICICLETAS Y ACERAS

por Cermi Región de Murcia
14/09/2015

Las bicicletas se han convertido en una creciente alternativa al transporte motorizado. Es cierto, como en todos los aspectos de la vida, que hay ciclistas educados que entienden de convivencia, pero hay muchos, no pocos, que han tomado las aceras como de su propiedad y constituyen una amenaza para los peatones y un perjuicio para los verdaderos amantes de la bicicleta.

La circulación de ciclistas por las aceras amenaza la seguridad e integridad de los peatones con discapacidad, que ya encuentran grandes obstáculos a su derecho a la movilidad, como para añadir otros nuevos.

No cabe duda que una persona con una discapacidad visual de un grado que le permita utilizar la acera se encontraría en una gran desventaja si se cruzara con una bicicleta, que no olvidemos no produce ningún sonido, pues no podría reaccionar a tiempo ante cualquier imprevisto.

La situación producida para las personas con movilidad reducida, y en ella incluyo a los que somos torpes aunque no tenemos discapacidad y a las personas mayores, es de absoluta inseguridad.
 
Y una persona con discapacidad auditiva a la que una bicicleta se le acerque por la espalda será incapaz de detectarla, incluso sí, como dicen algunos ciclistas, les tocan el timbre (que por otro lado es una falta de respeto a cualquier ciudadano que circule andando por la acera).

Un colectivo especialmente vulnerable es el de los menores, un niño o niña que se suelte de la mano de su padre o madre para seguir algo que le haya llamado la atención estará indefenso ante el paso de una bicicleta.

Pero cuando hablas con los usuarios de bicicleta todos son respetuosos con los peatones, ninguno tiene una actuación incívica. Será que no son los mismos con los que nos cruzamos los peatones a diario.

Porque los peatones, cada día, esquivamos grupos de ciclistas que ocupan toda la acera y que nos obligan a hacernos a un lado, que, aunque la zona de paso sea estrecha, no nos respetan y entienden nuestra vulnerabilidad frente a ellos, y avanzan sin freno, ni siquiera con una mínima reducción de su velocidad, y nos cruzamos con ciclistas que circulan por la acera a toda la velocidad que les dan sus piernas.

Es cierto que los vehículos no respetan a los ciclistas en la calzada, pero también es cierto que, en una acera, un peatón, frente a un ciclista, tiene todas las de perder.
Lamentablemente, si continúa la situación actual, el accidente grave llegará, todos nos lamentaremos de ello, y entonces se querrán poner remedios.

Por ello, la Administración debe ser valiente y actuar antes de que sea tarde. Si esto no es así, también será responsable de lo que ocurra
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