EL CAMINANTE FRUSTRADO

Carmelo Encinas
Lunes 12 de junio de 2017
EL MERIDIANO - Heraldo de Aragón


 Era una escultura de 20 metros. Una figura en bronce con la altura de un edificio de 7 plantas. Representaría a un joven desnudo caminando, y la propuesta, del Ministerio de Obras Públicas, era erigirla en la entonces incipiente avenida de la Ilustración de Madrid. Corría la primavera de 1986, el título de la obra era ‘El caminante’, aunque el gracejo popular la rebautizó como el ‘Coloso en bolas’. Su autor, nada menos que el gran Antonio López. Por su calidad artística y sus dimensiones ciclópeas, los primeros bocetos ya permitían anticipar una creación de singular valor, que habría puesto ese punto del norte de Madrid entre los lugares de visita obligada.

Cuando estaban en ello, unos cuantos periodistas rancios, algún que otro intelectualoide y los meapilas de turno empezaron a cargar contra el proyecto, con argumentos tan ridículos como que los vecinos tendrían pesadillas pensando que, en cualquier momento, esa figura hercúlea podría cobrar vida y atacarles. La estúpida polémica que suscitaron terminó por disuadir al Ministerio y al propio Antonio López, que no daba crédito a tanta cortedad. Ahora, en el cruce de la avenida de la Ilustración con la calle Betanzos no hay nada, y cada vez que paso por allí echo de menos a ese caminante y me pregunto cómo pudieron acabar con su existencia unos cuantos mediocres.

Lo de esta obra asesinada antes de nacer me ha venido a la memoria al leer una estadística publicada por la empresa Fitbit: según los datos recogidos por sus dispositivos, los españoles somos los que más caminamos. La media supera los 9.000 pasos diarios, más de cinco kilómetros. Superamos a países como Suiza, Nueva Zelanda o Suecia, cuya población tiene una acreditada tendencia al cuidado del cuerpo. Caminar, a ser posible hasta alcanzar los 10.000 pasos al día, es una recomendación que se ha ido imponiendo de forma casi unánime por los especialistas en salud. Previene los accidentes cardiovasculares, la diabetes, algunos tipos de cáncer y mejora la memoria y la capacidad sexual.

 Resulta obvio además que caminar es barato, además de ecológico, un signo pujante de modernidad. Esa modernidad que quiso anticipar aquella escultura del Caminante de Antonio López y que hoy, 30 años después, habría estado cargada de simbolismo. Algo que no pudo ser por falta de ilustración.

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