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miércoles, 29 de noviembre de 2017

CÓMO SER PEATÓN Y SOBREVIVIR A SU PRÁCTICA

Diario Información. Elche
María del Carmen Pérez Cascales  
28.11.2017
 

El Boletín Oficial de la Provincia de Alicante publicó el 14 de junio de 2017 la aprobación definitiva de la modificación de la ordenanza de circulación en su apartado sobre la bicicleta del Ayuntamiento de Elche. La ordenanza, entre otros aspectos, define la circulación de bicicletas en coexistencia con los peatones. 

El reglamento contempla obligaciones de los ciclistas tales como no entorpecer la circulación, no causar peligros, estar en todo momento en condiciones de controlar la bicicleta, someterse a las pruebas para la detección de alcohol o drogas en el organismo. También recoge toda la información de las vías ciclistas y prohibiciones a la hora de conducir una bicicleta (cascos de audio, tasas de alcohol, circular sobre una rueda, cruzar los pasos de peatones pedaleando, etcétera...). 

Consulto en internet la Guía del Ciclista para la circulación en bici en Elche, y desde el inicio cual jaculatoria se indica «Mi bici es un vehículo y por tanto tengo que seguir las normas de circulación y conducir de manera responsable» y sigue exhortando «mi bici es un vehículo y por tanto debo circular por la calzada. También puedo circular por aceras bici señalizadas o por aceras y paseos de más de cinco metros de ancho, si disponen de tres metros de espacio libre» e insiste, «no puedo cruzar los pasos de peatones pedaleando? en las aceras bici tengo que respetar la preferencia del paso de los peatones que la estén cruzando». 

Es evidente que cuando una persona conduce una bicicleta, está subida en un vehículo, por lo que debe cumplir todas las normas de circulación. 

Según la Ley de Tráfico, y aunque algunas ordenanzas municipales lo permitan, los ciclistas solo pueden circular por las aceras en zonas específicamente habilitadas y señalizadas para tal uso. En caso contrario, el ciclista debe reconvertirse en peatón, es decir, bajar de la bicicleta y empujarla. 

Existen distintas sentencias, incluso una del Tribunal Supremo que aclara que si en una acera se señaliza y delimita un carril para la circulación de bicicletas, ésta deja de estar reservada en exclusiva a la circulación de peatones, y se convierte en una zona de uso compartido. Pero si ese carril-bici no está señalizado expresamente, por la acera solo pueden circular peatones. 

No voy a entrar en polémicas, sobre si se contradice una norma de rango superior como es el Reglamento General de Circulación al permitir la Ordenanza Municipal de Elche a ciclistas circular por aceras de más de cinco metros de ancho, si disponen de tres metros de espacio libre, aun sin señalización de carril bici, porque en nuestra ciudad es casi imposible que se den estas dos premisas. 

La convivencia entre bicis y viandantes en las aceras ha sido uno de los debates urbanos más vivos de los últimos tiempos y si bien no podemos hablar de siniestralidad más que con carácter residual ¿quién no tiene un familiar, amigo o compañero de trabajo que ha tenido un encontronazo con una bicicleta? 

Yo me muevo en una franja de alto riesgo, a saber, zona centro, acera estrecha y salida a la misma desde un portal que no te permite visibilidad, hasta que la pisas. No es lo mismo darse de bruces con otro peatón que con un chaval o adulto en bici. Y hay infinidad de variantes que pueden agravar estas circunstancias, como empujar un carrito de bebe, coche de minusválidos, personas con movilidad reducida, o ir con niños, ya de por sí imprevisibles, para que te altere el pulso ese ocupante trasgresor de la acera. 

Y no hace falta salir de un portal, simplemente andando por la acera cuando de repente sientes un leve sonido, escalofrío, sensación rara y, descartado que se trate del tiburón de Steven Spielberg porque no estás bañándote, al notar el aire que desplaza, intuyes al ciclista que acomete desde atrás, o inclusive viniendo de frente y te pones a calcular espacio a compartir cuando os crucéis, si driblas tu, si dribla él, si sigues recto, si te paras hasta que pase. Y no digamos si vas con una o más personas y ocupáis prácticamente toda la acera, ¿defiendes tu territorio y no te mueves ni un ápice?, ¿te empecinas en que tú llevas la razón , que se baje el otro que circula mal?, ¿os reorganizáis en fila india? o ¿confías en que tu ángel de la guarda no se haya quedado en la esquinita de tu cama y te esté acompañando?... 

Y aunque no se trata de «Death Race 2000» ni de «Carmageddon» en que se acumulan puntos atropellando peatones hasta alcanzar la meta, reconozcámoslo, hay problemas de convivencia en las aceras entre la bici y el peatón. 

Y es que las aceras están de lo más solicitadas, pues además de ciclistas deambulan por ellas, adictos al monopatín, patín, monociclos y patines eléctricos, lo que a la vista del sufrido peatón pudiera parecerle una hornada de invasores. 

Desde el gobierno municipal se nos transmite su apuesta por el uso de la bicicleta y, en general por el transporte sostenible, y eso me parece muy bien siempre y cuando no se olvide el respeto al peatón. Quizás todo pase por crear la infraestructura necesaria para garantizar la circulación en bicicleta en las mejores condiciones, pero mientras ello no sea una realidad, no es excusa para su circulación por las aceras o fuera de un carril delimitado para ello.

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