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lunes, 8 de enero de 2018

Peligro: peatones

Las distancias entre continentes cada vez son más cortas y la globalización iguala costumbres y maneras de vivir. Pero las diferencias subsisten y Europa es todavía, en muchos aspectos, un rincón privilegiado.


Genoveva Crespo
Heraldo de Aragón
05/01/2018


Cuando todavía tenía autoridad sobre mis hijos, viajar llevaba aparejado escribir un cuaderno de viaje, el primero de los cuales arrancó con la frase de Cervantes "andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos". Con ese espíritu, y practicando la estimulante y económica costumbre de cambiar la casa (lo de Airbnb es muy nuevo), hemos disfrutado mucho andando por distintos países. Hoy, son ellos quienes, de vez en cuando, te llevan a sus territorios.

Gracias al Erasmus de mi hijo, he disfrutado de los cafés, librerías y mercados ‘de kilómetro cero’ de Turín y de la huella intelectual de sus muy ilustres vecinos pasados y presentes, como Eco, Gramsci, Levi o Pavese. Es una ciudad que se habla a sí misma en un gran periódico, ‘La stampa’; que vive intensamente sus distintas fes, ya sea la religiosa, la sindical, la técnica o la futbolística, y que, al ser de fundación cesaraugustana, te hace sentir en casa.

Ahora, como anticipado regalo de Reyes, ha sido mi hija la que me ha llevado a uno de sus nuevos mundos, Dubái, un destino al que por mí misma nunca me habría acercado. En Turín todo es superlativo, pero amigable y reconocible. En Dubái todo es también superlativo… pero de otra manera.

Desde hace dos décadas, los gobernantes de este emirato, uno de los siete que componen los Emiratos Árabes Unidos y, junto a Abu Dabi, de los más ricos, se han propuesto convertirlo en punto obligado del mapa, más allá del petróleo, con tres tes: ‘transport’, ‘trade’ & ‘tourism’. Hoy, buena parte del tráfico aéreo entre Europa y Asia-Pacífico hace escala en Dubái, en el que es el aeropuerto más grande del mundo. El ámbito de los negocios cuenta con un distrito financiero que va camino de equipararse a los grandes nodos económicos globales.

Y respecto al turismo, Dubái es la séptima ciudad por número de visitantes y su oferta, creciente. Entre otros ítems, ofrece playas, islas artificiales, parques temáticos, deportes-atracción y numerosos centros comerciales, entre ellos, el más grande del mundo, con 1.200 tiendas, situado a los pies de la Burj Kalifa, la torre (de nuevo) más alta del planeta.

Un panorama al que ahora se suma lo cultural. Sotheby’s ha abierto sede en Dubái y, en noviembre, el emirato vecino de Abu Dabi estrenaba la sucursal del Museo del Louvre, donde ya se exhibe un Leonardo y próximamente llegará otro, ‘Salvator mundi’, por el que han pagado 382 millones de dólares.

Como decía unas líneas más arriba, superlativo. Lo son, asimismo, el metro, novísimo y con largos pasillos colgantes cubiertos, los rascacielos y las calles. Más allá de la ciudad vieja, y sus sugestivos zocos de las especias, el oro y los tejidos, todo tiene otra dimensión… casi inhumana. La temperatura es realmente extrema y obliga a vivir envuelto en aire acondicionado.

Hay tantos rascacielos en un emirato de 2,7 millones de habitantes, de los que solo el 20% son privilegiados autóctonos, que cuesta imaginarlos habitados. Y abundan las vías difíciles de transitar. Tanto es así que, cuando se abre un paso para transeúntes, la señal que ven los conductores (a menudo al volante de coches impactantes y a escape libre) es ‘peligro: peatones’.



Sin duda, estos excesos son sus avances hacia un futuro más allá del petróleo, en el que se impone el inglés en un llamativo proceso de ‘desarabización’ y en el que las mujeres viven menos sometidas que en el conjunto de la región. Aun así, muy lejos de nuestra vieja Europa. Si aquí todavía nos falta mucho para la igualdad real, como plasman los insoportables datos de violencia contra las mujeres, allí están a años luz. Como lo está la abisal separación de clases, que lleva a preguntarte dónde y en qué condiciones habitan los miles de inmigrantes hindúes o pakistaníes que les sirven. Eso sí: además de mucho dinero hay mucha gente joven y muchos niños.


De vuelta a casa, regreso a Cervantes. Sin duda, recorrer tierras y hablar con diversas gentes ayuda a conocer y a reflexionar. En este año que ahora comienza, ojalá que tengamos ocasión de vivirlo de nuevo. Y de paso, valorarnos y entendernos más.

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