Habéis conseguido echar a las bicicletas de la calzada, ¿ahora qué?

Copiado ÍNTEGRO del blog http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com.es

Hace unos días una chica, después de haber estado echando un vistazo a unas cuantas bicis, me hacía una pregunta comprometida.
- ¿Por qué en esta ciudad (Pamplona) las bicicletas andan por las aceras?

Buena pregunta, sin duda. Evidente pero buena. Más para un ciudadano que pelea por que eso no sea así. Más en una ciudad donde la cosa reviste una gravedad inquietante.

La respuesta, como cabe imaginar, fue contundente:

- Pues porque ha habido demasiada gente interesada en que eso suceda así.

Estaba dispuesto a dejarlo ahí, ya son demasiadas conversaciones, demasiadas explicaciones, pero a ella no le pareció suficiente.

- Ya, es que yo vengo de otra ciudad y allí la gente anda por la carretera…

Tentado por indagar su procedencia, me contuve y me callé. Pero ella prosiguió.

- … y esto me parece una locura, y un atropello para los peatones ¿a ti no?

Aquí es donde ya no pude evitarlo y desaté mi demonio particular. El falso fomento de la movilidad sostenible, la difusión interesada del miedo al tráfico, las "facilidades" habilitadas invariablemente en plataformas peatonales, la bicicleta instrumentalizada y desnaturalizada a capricho de políticos pusilánimes y populistas, la indolencia general, la colaboración necesaria de las asociaciones cívicas irresponsables, la estupidez colectiva… nada nuevo.

La cosa no nos llevó más de un par de minutos o tres pero fue intensa y, por qué no, interesante. Al final, la chica se despidió diciendo:

- Así la bicicleta no funciona… y, por cierto, tenéis una tienda muy chula. De verdad.

De acuerdo en todo, pensé en un ataque de falsa modestia, pero la cabeza no dejó de hervirme.



¿Qué va a pasar ahora?

Pensé. Ahora que habéis conseguido echar literalmente a las bicicletas de la calzada, deslegitimar a los ciclistas que aún nos empeñamos en circular por ella como si fuera peligroso y hasta antinatural, empoderar más todavía al coche, como si hiciera falta, ¿ahora qué?

¿Qué va a pasar ahora que cada vez hay más personas andando en bicicleta por las aceras? ¿Qué va a pasar con la escalada de violencia vial que se está produciendo de un tiempo a esta parte en las plataformas peatonales? ¿Qué va a pasar con esos espacios de naturaleza anárquica y calmada ahora que han sido sistemáticamente invadidos por las bicis, y muchas veces con actitudes chulescas?

No tengo respuesta para todas estas preguntas, pero me temo que tampoco la tienen quienes tienen el mandato de velar por el interés común de la ciudadanía, sean electos o autoproclamados.

Lo que sigue turbando mi mente calenturienta es la sospecha de que todo esto, que visto desde fuera parece una deriva incontrolada, responde a una estrategia perfectamente pergeñada y orquestada desde los poderes fácticos, esos que operan desde la sombra pero que mandan más que los que salen en los periódicos.

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