¿EXISTE EL SENTIDO COMÚN EN ESTO DE LA BICICLETA?

Magistralmente escrito por Eneko Astigarraga

Nos gusta apelar al sentido común cuando nos parece que las cosas empiezan a desquiciarse o que las polémicas empiezan a acalorarse. Hablar de sentido común es como reclamar lógica y raciocinio, es un recurso vago y que se presta a todo tipo de interpretaciones, es un recipiente en el que cabe todo, porque no precisa nada.
El sentido común, también conocido como subconsciente colectivo, sirve, sobre todo, para soportar cualquier opinión y cualquier proposición con el único condicionante de que sea poco precisa y que no sea categórica. El sentido común debería ser mayoritario y buscar el bien colectivo, sin embargo, las personas que recurren a esta figura normalmente buscan justificar sin necesidad de argumentar sus posturas.

El caso de la bicicleta es especialmente ilustrativo. Cuando alguien quiere dar cobertura a cualquier medida o a la ausencia de esta, aunque sea una barbaridad, apela a este sentido, sobre todo cuando hablamos de la reglamentación de su uso. El sentido común se suele esgrimir para tratar de justificar que no hace falta tomar ninguna medida porque la gente ya sabe lo que hay que hacer y lo va a hacer bien.

Un ejemplo: la circulación por aceras y otras vías de alta densidad peatonal. Otro: hacer la vista gorda o atajar la intimidación sistemática que muchos ciclistas ejercen sobre la gente que camina, pasea o está en lugares libres de circulación. Hay más: hacer carriles bici de cualquier manera y en cualquier sitio o prescribir la circulación por la calzada sin más.


El sentido común no ha guiado la mayoría de las actuaciones que se han realizado en la mayoría de las ciudades en las que la bicicleta no formaba parte de la realidad mas que de una manera testimonial. Y no lo ha hecho simplemente porque no había sentido común, porque la bicicleta era marginal, minoritaria. Y lo continúa siendo.
Es por eso que ese llamamiento al sentido común no funciona cuando se quiere impulsar una opción minoritaria en una sociedad, simplemente porque no es común y para argumentarla hace falta hacer un ejercicio didáctico, una culturización de lo que esa elección conlleva, una introducción a su práctica y a los beneficios inequívocos que aportará su ejercicio.

El único sentido común reconocible alrededor de la bicicleta como opción de movilidad es el miedo, y el miedo nunca es buen consejero cuando se quiere actuar, porque el miedo sólo paraliza y nos hace irracionales, incapaces de valorar razonamientos por más lógicos que estos sean.
No nos olvidemos de ello cuando tratemos de recomendar una actuación relacionada con la bicicleta o con cualquier otro agente minoritario. No hay experiencia suficiente en nuestra sociedad en el uso de la bicicleta y por eso no hay sentido común. Aunque resulte algo soberbio y hasta despótico, habrá que confiar en el buen criterio de unos cuantos que, aunque sean tomados como ilusos, pueden, con su experiencia y su visión holística de la ciudad, del entorno, de la movilidad y, en medio de todo ese sistema, de la bicicleta, confeccionar planes de actuación para dar oportunidades reales a este medio de locomoción. Si no andaremos dando tumbos y reclamando el sentido común para deshacer los entuertos. Como hasta ahora.



http://bicicletasciudadesviajes.blogspot.com/2014/01/existe-el-sentido-comun-en-esto-de-la.html?spref=bl

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