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martes, 17 de mayo de 2016

¡Un Domingo en París! Ciudades invisibles y ciudades que caminan

Publicado por Carlos Moreno el Lun
09/05/2016

El domingo 8 de Mayo, se cumple el aniversario de la caída de Berlín. Con las placas conmemorativas en numerosos lugares, nuestras ciudades en Europa nos recuerdan por todos lados este trágico periodo. Estas calles que nosotros vemos hoy, estos edificios, estadios, escuelas, llevan también rastros que aunque invisibles están ante nosotros. Los rastros del horror nazi cuando la muerte, el odio, la destrucción querían imponerse a la vida, la amistad, la fraternidad y la diversidad. 

El mismo domingo 8 de Mayo, la avenida más bonita del mundo, los Campos Elíseos, lugar igualmente cargado de historia, corazón emblemático de Paris Ciudad-Mundo, se liberará de los vehículos y se volverá totalmente peatonal, un domingo al mes. Aquí, la vida se manifestará con los hombres, las mujeres, los niños, las personas mayores, que podrán deambular por todos lados, pasear, caminar, y recuperar este espacio público. Una decisión que insufla de vida a nuestras ciudades y las hacen más vivas, humanas y solidarias.

¿Tendrá efectos esta medida sobre la salud de los ciudadanos? Por supuesto. Ya he hablado recientemente de los efectos sobre la polución urbana. También un estudio mundial «Walking and Cycling to Health: A  Comparative Analysis of City, State and International Data» muestra el vínculo directo entre la lucha contra la obesidad, una amenaza primordial para la salud pública en el mundo, y la accesibilidad de los comercios, servicios, parques y paseos a pie o en bicicleta. En las ciudades que caminan son las vidas que caminan.

Por eso mismo, esta ciudad se revela a nosotros bajo otras formas, cuando los peatones no son peatones sino simplemente habitantes que viven en una ciudad y que encarnan, y desarrollan la vida sobre los espacios públicos.

En «Las ciudades invisibles» del escritor Italo Calvino, un transeúnte pregunta por el camino para ir a la ciudad de Pentesiléa. Unos con un gesto que significa tal vez «mas lejos» o « aquí » « por allá », o ««del otro lado»… Algunos le dicen ante su insistencia por encontrar la ciudad: «Nosotros venimos aquí todas las mañanas para trabajar », otros « nosotros vamos allí a dormir »… Pero entonces «¿Dónde está la ciudad en la que viven?» Insistía… «Debe estar por allá» "Ella debe estar por ahí" le dicen, y el ve los “los brazos que le muestran poliedros opacos, en el horizonte, mientras que otros indican flechas fantasmagóricos"..." ¿me he pasado? "..." No, tienes que continuar un poco "..." Entonces, ¿recorrer la ciudad significa pasar de un limbo a otro sin llegar a salir?"...

Este extraordinario diálogo, como cada uno de los diálogos imaginarios de éste magnífico texto, permanecen perfectamente de actualidad, 44 años después de su publicación

«Las ciudades también se creen el resultado del pensamiento o el azar, pero ni uno ni el otro son suficientes para mantener sus muros de pie; Usted no disfruta de una ciudad a causa de sus siete o setenta maravillas, sino de la respuesta que te da a cada una de tus preguntas».


Vivir en nuestras ciudades, en el siglo XX, significó un espacio urbano construidos para un mundo concebido alrededor del desarrollo económico a través de del paradigma del petróleo, de las industrias, con sus fábricas que daban empleo, del trabajo asalariado como centro de la vida, del hábitat colectivo también llamado social con la paradoja de la pérdida del vínculo social y humano entre los habitantes, del acceso a la propiedad y a la posesión de bienes como símbolo de éxito tales como el coche privado, la segunda vivienda, los objetos de todo tipo… etc.

Pero en esta misma ciudad, a través de los continentes y los países, han emergido muchas ciudades, las ciudades invisibles, que dan nombre a este texto. Italio Calvino, nos interroga sobre nosotros mismos, los seres vivos y nuestras ciudades: la ciudad y la memoria, el deseo, el recuerdo, el nombre, los símbolos, los cambios, el cielo, los muertos, las ciudades continuas, cónicas, ocultas…

¿Qué hemos hecho de nuestras ciudades, desfiguradas por los bulevares donde transitan centauros mecanizados siempre con prisa ?, ¿Porqué esas construcciones frías y funcionales que han quitado la vida a nuestras calles, nuestras plazas, nuestros murosy nuestros parques?, ¿Qué pasa con el agua y los árboles cuando se han drenado nuestras fuentes, asfaltado nuestras tierras y enrarecido nuestro aire vital?, ¿Dónde está su identidad?, ¿Dónde están las historias de vidas vividas recordadas y compartidas en el umbral de las puertas, en los bancos públicos, por los hombres, mujeres, viejos y niños?

A día de hoy, en el siglo XXI, ¿cómo no preguntarnos sobre la ciudad que nos interpela, que nos habla de su angustia más de lo que nosotros la escuchamos. Sin embargo, cada una de nuestras ciudades tiene un alma que como un hilo conductor atraviesa los siglos. Y está por describir y cultivar. 

Siendo así, la cuestión planteada sigue siendo la misma : «¿dónde está la ciudad donde vivimos? » Las ciudades, muchas de ellas milenarias, han sobrevivido a reinos, imperios, naciones, y estados, al igual que a guerras, crisis y a todo tipo de acontecimientos. La ciudad, de forma intrínseca, en ella misma, es más duradera que cualquier organización humana. Es una marca sólida y constituye la principales base de expresión de los habitantes ante los desafíos de ayer, de hoy y de mañana, tal y como escribía hace poco, prolongando el pensamiento de Saskia Sassen.  

Es en la ciudad donde a día de hoy se desarrolla mayoritariamente el ciclo de vida de los hombres. Del nacimiento a la muerte, el mundo urbano es el universo, el espacio y el tiempo de los humanos. Nacer en una ciudad es ya motivo de pertenencia a una cultura urbana, ciudadana, que marca el ritmo y el modo de vida de ciudades, metrópolis, megalópolis y de las concentraciones urbanas que se han convertido en ciudades-mundo. Desde la infancia a la adolescencia, el paso a la edad adulta y el envejecimiento, muchos universos urbanos de vida coexisten.

Nacer, crecer y envejecer en el siglo XXI en una de sus ciudades ha cambiado profundamente la naturaleza de los vínculos entre los humanos. La ciudad se convierte a la vez en sensorial, sensible, y con múltiples facetas. A pesar de todo, debe permanecer viva, y el combate para que su aire sea respirable, desde todo punto de vista, es una cuestión vital.

En estas ciudades, encontrar el hilo de Ariadna que nos guía por el universo del cuerpo humano y del espíritu urbano es una prioridad.

El poder de las revoluciones tecnológicas, la masificación de la ubicuidad a través de las herramientas digitales puestas a nuestra disposición, el internet de las cosas y el todo conectado han cambiado profundamente la relación entre el hombre y su cuerpo. Nuestros cuerpos se han transformado por el impacto de lo digital en nuestras vidas. Esto da lugar a nuevas formas de inteligencia individual y colectiva, así como a expresiones inéditas de colaboración e intercambio. El hombre, híbrido, vive en una ciudad donde sus puntos de referencia han cambiado de naturaleza. Habitar, desplazarse, trabajar, cuidarse, divertirse, alojarse, todo ello ha sido atravesado de forma indefectible, por lo digital.

¿Fue el hombre quien robó el fuego de la creación?, ¿O las criaturas digitales que han creado, reales o virtuales, le hacen desprenderse de la realidad?

¿Cuál es la verdadera frontera, en términos de nuestras mutaciones corporales, sociales, tecnológicas y urbanas, entre utopía, distopía, imaginación y realidad ? Ha nacido una nueva cultura urbana en la era de internet, los hombres y los objetos, generando nuevos usos y nuevas percepciones del cuerpo.

Todas estas cuestiones que nos preguntamos a día de hoy, no encontrarán un sentido a no ser que la ciudad y el espacio urbano donde vivimos nos procuren emociones, sensaciones y placer, a no ser que la memoria de lo que fuimos alimente la construcción de lo que seremos, y que nuestros piedras nos hablen y que nosotros hablemos con ellas y con los nuestros, nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos.

Cito a Edgar Morin, con motivo del Forum Smart City 2015 de Paris:

«¡Decirle buenos días a alguien, es decirle que existes!»


La ciudad sensorial, afectiva, la ciudad interactiva, la ciudad que está en movimiento, ofrece también a los habitantes una mirada diferente, otra experiencia. Ella no es solamente la ciudad donde se trabaja o se duerme… Reencontrar la ciudad donde se vive es finalmente la cuestión clave que debe plantearse.

Sí, los Campos Elíseos ahora volviéndose peatonales este domingo, tendremos un mes de mayo que no será como cualquier otro, para le regocijo de los «city lovers» que somos, los enamorados de los espacios públicos para todos, eso «pulmones» de una mejor convivencia en un mundo urbanizado

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