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viernes, 29 de julio de 2016

Tercio de ciclistas

Una de esas cosas que aunque no lo parezca están prohibidas: circular en bicicleta por la acera

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA
El Correo 11 julio 2016

Una de las cosas nuevas que pueden pasarte en la ciudad es que te atropelle una bicicleta. Yo estoy a favor. No es bueno que nuestra vida urbana se amodorre. Una capital moderna como la nuestra debe evitar hundirse en lo previsible, multiplicar lo anodino, instalarse en la rutina. Una ciudad viva tiene el deber de ser también una caja de sorpresas.

Salir de casa y no saber a qué nueva forma de morir quedas expuesto es algo que, como urbanita, te hace sentir en el lugar adecuado. «Back in town, nigga», te dices cuando vas a por el pan y ves venir contra ti a la primera bici de préstamo municipal propulsada por lo que parece ser un ciclista aficionado (avanza en zigzag) pero también un psicópata profesional (no muestra respeto por la vida humana).

Modestia aparte, yo a esta clase de ciclistas ya les pego recortes. Me los dejo llegar mucho, dándoles el pecho, y luego les sorprendo con un quiebro, amagando hacia un lado y saliendo por el otro, despacito y con pinturería, puede que incluso girando sobre mí mismo y mirando con una sonrisa al tendido, por si estuviese Ava Gardner. Sería raro, pero si en ese momento me pasa alguien un par de banderillas, yo creo que, movido por la emoción, vuelvo a citar al ciclista y le clavo un par al violín en todo lo alto, terminando al tiempo en la comisaría y en la portada del 'Aplausos'.

Hablo por supuesto de los ciclistas que circulan por la acera, no de los que lo hacen correctamente por la calzada, los bidegorris o las amplias zonas peatonales. No es infrecuente además que estos ciclistas de acera no parezcan tener muy claro cómo va lo de pedalear y mantener el equilibrio. Es como si estuviesen de prácticas y, en lugar de un descampado, hubiesen escogido Alameda de Urquijo para entrenar un poco. Que con frecuencia lo hagan con bicis municipales hace pensar que hay quien entiende este servicio como una especie de juego o pasatiempo y evita la carretera, por peligrosa, para pasar a encarnar personalmente el peligro sobre la acera.

Es probable que mucha gente no sepa que circular en bicicleta por la acera está prohibido, a menos de que seas un niño menor de siete años y vayas acompañado de un adulto. Hay ayuntamientos que han intentado permitir de algún modo el tráfico de ciclistas entre los peatones, pero se ha terminado imponiendo siempre la norma superior, que en este caso es el Código de Circulación. Sucede porque las bicicletas son vehículos. No importa que en la biografía de cada cual comenzasen siendo juguetes.

A veces, en fin, los ciclistas de acera también hablan por el móvil mientras pedalean. Siempre es instructivo comprobar cómo hay gente capaz de utilizar un medio de transporte tan pacífico y sensato de un modo tan catastrófico. No podemos descartar que el motivo de este comportamiento sea la venganza. Los ciclistas son maltratados por el tráfico rodado y ni siquiera pueden usar los bidegorris en condiciones. Es muy curioso: hay peatones que parecen creer que esos trazados rojizos son algo así como pistas olímpicas diseñadas para ellos, es decir, para los que pasean realmente bien.

Bastaría con poner un poco de interés en la convivencia urbana para sacar las bicicletas de las aceras. Personalmente, creo que no afectaría mucho a mi vida emparentada con el riesgo. Me encuentro muy preparado y tengo ya ciertas ganas de comenzar a recortar 'segways', los chismes chorras con motor. Su lidia en las aceras entrañará nuevas complicaciones, pero también una mayor vistosidad de cara al aficionado.

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