Matrícula y seguro para las bicicletas

JORGE DEL CORRAL
2017/08/09

Puedo decir sin jactancia y también sin rubor que me ha atropellado una bicicleta en una calle mientras cruzaba un paso de cebra. La ciclista no hizo ningún intento por parar o esquivarme cuando me vio a más de ocho metros de distancia. Avanzó segura hacia mí, desafiante, mientras, posiblemente, pensaba que era ella la que tenía derecho y yo quién debía apartarme de su trayectoria o abstenerme de cruzar. Cuando me embistió como un toro, ni se inmutó. Se dio a la fuga muy ufana y yo me quedé componiendo mi figura y limpiándome los pantalones, mientras unos cuantos peatones siguieron su camino y otros tantos se solidarizaron conmigo e increparon a la prepotente. 

¿A quién reclamo?, ¿cómo conozco la identidad de la ciclista y cómo identifico la bicicleta? En los años sesenta del siglo pasado, algunos ayuntamientos, como el de Valladolid, llegaron a exigir matrícula a las bicicletas para cobrarles un impuesto. La norma no se extendió a la totalidad de los municipios y decayó allí donde la hubo, porque se acabó definiendo a la bicicleta como articulo de ocio y no de transporte. Cobrando a los Seat 600 y a la incipiente motorización, las arcas municipales empezaban a llenarse. Ahora, muchos ayuntamientos la definen como un nuevo sistema de transporte: sano, no contaminante y ágil en el dédalo del farragoso tráfico. Y para favorecerla no dudan en construir infraestructuras específicas para los ciclistas, aunque luego circulen por donde quieren y sin que los policías municipales hagan algo por impedirlo. Y yo me pregunto: si efectivamente ha vuelto a ser un medio de transporte, ?por qué no se le obliga a llevar matrícula para que pague impuesto de circulación como cualquier medio de transporte, al igual que se exige a otros vehículos de dos ruedas? y ¿por qué no se compele a su conductor a suscribir un seguro de responsabilidad civil para cubrir los daños que cause a terceros?

Yo soy ciclista, pero de paseo y ocio. Utilizó una eléctrica de ayuda a la pedalada que me permite hacer cerca de 80 kilómetros diarios sin sufrir ni echar el bofe. Llevo el casco obligatorio, circulo por la calzada y en el sentido del tráfico, me paro en los semáforos y cedo la marcha en los pasos de cebra y en los cruces, tal como me obliga el código de circulación. No soy ningún ángel, pero me irrita, como a muchos, que algunos, varios, demasiados, hagan lo que quieren con la bicicleta amparándose en la impunidad en la que se mueven. Igual que me encorajina que los dueños de perros no recojan sus cacas porque yo recojo las del mío y siento vergüenza cuando veo las ajenas de los conciudadanos incivilizados. Que los hay, y a miles.

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