Bodas de plata de Kalapie

  • La asociación de ciclistas urbanos edita un libro que repasa su trayectoria. Cuando nacieron fueron considerados unos «hippies, aguafiestas y marcianos», pero hoy en día se han convertido en un agente fundamental en el diseño de los bidegorris

¿Cómo se pasa en 25 años de ser considerado un bicho raro a ser el agente fundamental para trazar las políticas de movilidad de la ciudad? La respuesta la tiene Kalapie que ha editado un libro y un vídeo que repasa su trayectoria en el último cuarto de siglo. Su presidente, Higinio Otazu, recuerda que lograr el bidegorri de La Concha costó un década. Su apuesta por una ciudad diferente, con menos coches y más bicicletas, fue premiada con la medalla al mérito ciudadano en 2008. Su influencia hoy en día se resume en que son los impulsores de los bidegorris que se trazarán en los próximos meses en Martutene y en Egia.

El presidente de Kalapie, Higinio Otazu, explica que el colectivo optó en 1989 por un modelo «arriesgado» pero que el tiempo ha demostrado acertado: ser una asociación que «combinara la crítica a las instituciones con el diálogo, como herramienta fundamental para la transformación que se pretendía impulsar». El responsable de Kalapie afirma que «sin tenacidad no es posible hacer reformas de calado» porque los cambios culturales y de mentalidad se producen con gran lentitud. El libro relata la pelea librada para conseguir introducir un bidegorri por el paseo de la Concha, que se prolongó desde 1991 hasta 2002, cuando se estrenó «sin inauguración oficial por la tensión y el miedo que había en el Ayuntamiento a las reacciones».
Cinco años después de su fundación, Kalapie ya era un agente social respetado «gracias al rigor de sus planteamientos y la popularización de sus reclamaciones», pero el colectivo no entró a la Comisión Asesora de Tráfico del Ayuntamiento hasta 1996. La asociación nunca ha ocultado sus discrepancias con las diferentes instituciones y gobiernos locales, pero explica que el avance de la bicicleta en la ciudad se produjo gracias a «un 'taburete de la movilidad sostenible'» con tres patas: «La voluntad de cambio» de los gobiernos de Odón Elorza, la «sensibilidad» de los técnicos municipales y «el empuje de la sociedad civil organizada con Kalapie a la cabeza».

El colectivo no comulgó, sin embargo, con las políticas de aparcamiento para coches en el centro de la ciudad del anterior alcalde, y recientemente no ha logrado que Gobierno Vasco y el ejecutivo de Izagirre les apoyase en su propuesta de trazados ciclistas inundables en el cauce del Urumea en Martutene (aunque su impronta sí quedará en Txomin).

Desde 2005 Kalapie participa junto al Ayuntamiento en el Observatorio de la Bicicleta, que elabora un informe anual sobre el estado de la infraestructuras ciclistas y el uso de la bicicleta. En 2008 el colectivo fue galardonado con la medalla al mérito ciudadano, aunque Otazu explica que el mayor reconocimiento lo reciben al «mirar cómo es ahora y cómo era antes la ciudad». No sólo se ha producido un cambio cuantitativo, en los kilómetros de bidegorris o en el número de usuarios de la bicicleta, sino cualitativo. «Lo que más se ha modificado tiene que ver con la mentalidad. En 25 años se ha invertido la percepción de la bicicleta. De una práctica sospechosa se ha pasado a una manera normal de desplazarse por la ciudad».  En 2016 la bici será el vehículo oficial de la Capitalidad Cultural Europea.

Kalapie, sin embargo, no se duerme en los laureles. «Hemos vivido un cambio del paisaje, pero aún estamos muy lejos de las cifras de otros países europeos». Otazu cree que hay pocos tramos de bidegorri por hacer, y que a partir de ahora el reto será que las bicicletas compartan las calzadas con los coches. «Las aceras son para los peatones. Hay que mejorar las combinaciones de la bicicleta y los transportes colectivos. Y hay que lograr conectar la red de bidegorris con los barrios y los municipios periféricos, por ejemplo en Altza, Bidebieta, Aiete, Tritxerpe o Lasarte».

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