«NO CRITICO A LOS CICLISTAS, PERO HAN DE RESPETAR LAS NORMAS»

I. Elices / Burgos - viernes, 14 de agosto de 2015

El marido de la mujer que murió atropellada por una bici pide al Ayuntamiento que redacte ya la ordenanza sobre movilidad

Ismael García-Rámila Torres sufrió una rotura de cadera en el mismo accidente en el que el pasado 4 de agosto su mujer fallecía después de que un ciclista los arrollara a ambos en un paso de cebra situado en la calle Cartuja, en el cruce con Molinillo. El martes le dieron el alta, aunque hasta dentro de un mes no estará recuperado. Puede caminar, ayudado por un andador, pero no puede moverse con la agilidad de la que gozaba antes del siniestro.

Este hombre de 86 años ha recibido al Diario de Burgos porque entiende que en los últimos tiempos  el comportamiento de algunos ciclistas deja mucho que desear. «No quiero criticar a la bicicleta ni generalizar, pero, caramba, las normas hay que respetarlas». Y es que el hombre que le atropelló a él y a su mujer la pasada semana  se saltó un semáforo en rojo cuando circulaba en dirección al centro de la ciudad.




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Advierte de que «nunca» ha estado de acuerdo «con esa manera de actuar de muchas bicis en zona urbana, que invaden las aceras, rozan a los peatones y cuando alguien les reprocha su acción se dan la vuelta y lanzan un insulto».

Como peatón, admite que «no» es «perfecto», pero tilda de barbaridad la conducta de algunos miembros del colectivo de aficionados a las dos ruedas. «Hace años los ciclistas solo iban por la calzada, nadie circulaba por la acera», lamenta. Y entiende que en zonas peatonales anchas los viandantes y las bicis convivan, pero no comprende que en «aceras estrechas las bicis vayan lanzadas y sorteando a la gente». Y, además, «ahora cuentan con la gran ventaja de tener un extenso carril bici». De hecho, en el lugar en que fue atropellado junto a su mujer discurre uno de sus tramos, cerca de la Quinta, pero en esa ocasión el ciclista iba por la carretera.

Del accidente que terminó con la vida de su mujer indica que fue «trágico», pero que tampoco le cogió «de casualidad», porque él mismo, familiares y allegados conocen casos de heridos por el atropello de una bicicleta.

Asimismo, conmina al Ayuntamiento a elaborar ya una ordenanza de movilidad y que no espere a la entrada en vigor del Reglamento de Circulación, «ya que hay que regular de alguna manera» la convivencia de las bicicletas, los peatones y los conductores.

Se acuerda a la perfección de cómo ocurrió el siniestro. Su mujer, María Jesús San José, fue citada para una consulta rutinaria en el centro de salud de Santa Teresa. «Como siempre», fueron dando un paseo. Llegaron al paso de cebra de la calle Cartuja con Molinillo y el semáforo estaba en rojo para los peatones. «Mi mujer era una persona que no concebía cruzar un semáforo en rojo, estaba en su subconsciente», señala.

En cuanto se puso en verde, su esposa le cogió del brazo, porque tenía «ciertas dificultades para andar». Cuando recorrieron un metro les sorprendió «un topetazo impresionante, un golpe tremendo». «Ni la vimos venir», afirma, para añadir que el ciclista, «al ver el semáforo en rojo, quizás se puso a correr más, porque iba lanzado». Le golpeó de lleno a ella, porque iba un poco adelantada, si bien ambos cayeron al suelo «violentamente». «Yo afortundamante caí de costado, pero noté el dolor propio de la rotura del hueso; sin embargo mi mujer cayó de cabeza y pienso que murió al momento», rememora.

Ismael recuerda «lo bien que se portó la gente» y repara, en concreto, en un joven que presenció el accidente y «echó a correr» hacia ellos para prestarles su ayuda. «Ni siquiera era de Burgos, era valenciano; y me llamó el martes para preguntar cómo me encontraba», subraya. También bajaron el personal médico y las enfermeras del centro de salud, que «intentaron reanimar a María Jesús». Después llegó la Policía Local y las ambulancias.

Reconoce que el ciclista, «efectivamente, no se marchó al instante, estuvo por allí pululando». Y en un momento se dirigió a Ismael y le dijo: «Pero si no les he visto». «Si no nos vio es que era ciego porque es un sitio con visibilidad perfecta, en línea recta», detalla. Después, recuerda, «se marchó». Ismael se muestra tranquilo y espera que sus declaraciones sirvan para «sensibilizar» a los ciclistas y hacer ver al Ayuntamiento la necesidad de una regulación.

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