A mi me gusta ir en bici


José Ramón Auría es Vicepresidente de ASCPor José Ramón Auría Labayen
http://www.diarioaragones.com/firmainvitada/61696-a-mi-me-gusta-ir-en-bici.html

En el año 1976 conseguí que mis padres me compraran una bicicleta de carreras, o de carretera, que se dice ahora. Hasta entonces, las diversas bicis con las que pedaleaba eran compartidas con mis hermanos (éramos seis), aunque he de reconocer que no de forma equitativa.

Lo primero que hice con esta bicicleta Orbea fue matricularla en el Ayuntamiento de Zaragoza. Me dieron una placa rectangular con los números en negro y el fondo amarillo, que puse en la parte posterior del sillín. Era la matrícula permanente. En la zona del manillar iba una chapa que había que renovar anualmente, al abonar la tasa o impuesto correspondiente. Con el paso del tiempo, me di cuenta que nadie pagaba, así que dejé de pagar. Mi preciosa bicicleta, que tantas alegrías me dio al pasear por Zaragoza o al ir a pueblos cercanos, la robaron en agosto de 1981, mientras cumplía con el Servicio Militar (la “mili” famosa).
 

Ni que decir tiene que no había carril bici. Íbamos por la calzada, junto a los coches, camiones y autobuses. Rodábamos sobre muchas calles con adoquines y con los peligrosos raíles del tranvía a la vista.
 

Hace unos años se ha difundido extraordinariamente el uso de la bicicleta para trasladarse por el interior de la ciudad. El maravilloso carril bici y las bicicletas de alquiler han favorecido que irrumpiera con fuerza en el movimiento de los ciudadanos por la ciudad. Por desgracia, las quejas de los peatones por el mal uso que algunos hacen de la bicicleta desborda lo admisible.
 

Además, se quejan con razón. Algunos peatones que usan bicicleta generan graves riesgos a los que van paseando por la acera, último refugio seguro de las personas de todas las edades en estas urbes nuestras que necesitan de artefactos mecánicos para trasladarnos. La falta de urbanidad, la gracieta irresponsable, el desprecio por el derecho a andar con tranquilidad, etc., rompen la convivencia.
 

La demagogia y el populismo han ido por delante de lo razonable. Faltó sentido común a los promotores de la idea y dejaron que las aceras se convirtiesen en un río desbordado de troncos amenazantes. El buenismo ha hecho daño porque pensar que por ir en bici uno es iluminado por la bondad, defiende lo ecológico y es un buen vecino no tienen ni un ápice de realidad. El que se monta en la bici es el mismo que se baja un rato después, y la máquina y el pedaleo no lo hacen ni mejor ni peor.
 

Hace unos días, un periódico publicaba con viñetas y texto los peligros que puede provocar la conducción sin ningún tipo de prudencia y respeto hacia los demás. ¿Es tan difícil entender que, si voy en bicicleta, no puedo circular pegado a las fachadas de los edificios porque de los portales pueden salir personas? ¿Es tan complicado ver que el carril bici no es para ir a una velocidad en la que no puedo controlar rápidamente un movimiento de un peatón adulto, y no digamos ya si es un niño?
 

Si se vulnera el derecho de las personas a su integridad física, al derecho que tienen a pasear tranquilas, las autoridades están obligadas a preservar este derecho, por lo que tendrán que castigar a quien lo perjudica. Crear cortinas de humo con lo del casco es una pena. Y más todavía cuando se dirime la obligación como algo politizado. Si uno va al trabajo, al cine, al centro, etc., con la bici, sin echar carreras ni apurar los piñones pequeños y los platos grandes, tiene poco que temer por su cabeza, aunque tal vez sí por sus manos, codos o rodillas. Si uno quiere ir rápido y veloz, como en un velódromo, sorteando a los viadantes, que vaya por la calzada y que se ponga casco.
 

Como en casi todas las acciones humanas: sentido común, respeto a los demás, y corrección y sanción para el que lo necesite. Es una pena, pero a veces no entendemos más que esto (que se lo pregunten a los multados por exceso de velocidad, por ejemplo).

Comentarios

  1. Llevo mucho tiempo despotricando en mi blog contra la circulación de bicicletas por las aceras con el resultado de que cada vez se ven más circulando por las de Alcorcón, sin que a nadie, para más inri, parezca importarle una mierda, y menos que a nadie al ayuntamiento, que mira para otro lado: está prohibido pero consiente.
    La circulación de bicicletas por las aceras es algo que tiene que impedirse, sin excusa ni paliativo ninguno. No es, como parece creer el autor del artículo, una cuestión de buena voluntad ni de sentido común ni de ir con cuidado (¿?). El autor parece incurrir en lo mismo que critica: en las buenas intenciones —'buenismo' es el término horrísono— del ciclista de acera. No: la circulación de bicis por las aceras de ninguna manera. Ni despacio, ni por aceras anchas ni estrechas. La acera tiene que ser territorio exclusivo del peatón. Por cierto que yo, como peatón, no tengo por qué ofrecer soluciones a la circulación de bicicletas. Sólo digo que ¡por las aceras, no! Saludos.

    P. S. Habría enviado este comentario a donde el artículo se publica originalmente —en el Diario Aragonés, creo—, pero es que no se admiten comentarios, así es que espero que el autor lea aquí este comentario mío.

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  2. Son las 17:50 cuando se publica el comentario anterior y no las 08:50 como aparece.

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  3. Tienes toda la razón, Dionisio. Hasta el día que no esté claro para las autoridades y para los ciudadanos un sencillo principio: Por las aceras no se debe ir en bici, siempre habrá alguna excusa para ir: el ancho de la acera, la presuntísima buena educación etc. La amarga verdad es que se ha jorobado a los peatones.

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