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martes, 23 de enero de 2018

Barcelona, un millón de obstáculos

EDITORIAL - La Vanguardia -
domingo, 21 enero 2018

La ciudad es un millón de cosas, decía aquel llorado maestro de la radio de los ochenta del siglo pasado. Y tenía razón, porque se refería a Barcelona, ciudad desde cuya antena emitía Arribas Castro. Treinta años después, la frase sigue constituyendo una verdad como un puño, aunque en sentido contrario, puesto que se refería el radiofonista a las muchas cosas buenas que hay en la ciudad y, en cambio, ahora, el peatón de la capital catalana sufre, como nunca antes, las consecuencias de los muchos obstáculos que debe salvar para trasladarse o simplemente para pasear.

Con el paso del tiempo, la vida cotidiana a pie de calle se ha complicado de forma evidente. Desde las aceras mal concebidas y peor realizadas que, al cabo de pocos meses, apenas ofrecen seguridad, hasta el crecimiento exponencial de carriles bici que han convertido las calles en un riesgo constante, sea por la existencia de doble dirección, sea por la velocidad a la que se mueven algunos inconscientes, sea por los bolardos bicolores convertidos en una trampa saducea. 


También por los semáforos que apenas dan tiempo a cruzar la calzada –mientras decenas de coches y motos, como fieras salvajes, semejan esperar el verde para lanzarse a la caza del ciudadano–, o por la profusión de motos –hasta un cuarto de millón censadas en Barcelona– y con sus aparcamientos ocupando las aceras. Hasta el punto de que si los barceloneses tienen necesidad de pasear con un cochecito de bebé, con una maleta, en silla de ruedas o en andador, el trayecto se convierte en una casi imposible gincana. 

Existen salidas de metro que son auténticas trampas por su inmediatez con un carril bici, lo mismo que inauditos carriles bici en subida (por ejemplo, el de la calle Ganduxer) convertidos en zona de carga y descarga.
 

En fin, al margen de hipérboles literarias, lo cierto es que se echa de menos una puesta al día del Plan de Movilidad Urbana (PMU) que ponga al peatón en lo más alto del interés de los programadores. Conviene que los técnicos municipales –por cierto, el Ayuntamiento de Barcelona siempre se distinguió por la excelencia de sus ingenieros de tráfico– pongan el foco en la seguridad del ciudadano para desarrollar el resto de las medidas.
 

La impresión que se tiene es que el actual gobierno municipal ha convertido en el eje de su política de movilidad la promesa de multiplicar los carriles bici sin tener en cuenta cómo estos afectan a los peatones. Estamos de acuerdo en que la bicicleta es un transporte urbano idóneo, pero es preciso dimensionar su convivencia con el ciudadano 
con realismo.

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